Ambas reivindican el conocimiento adquirido taloneando las calles de la Ciudad de México. No piden permiso. Y el interés por escucharlas es inmediato.
“Todos hablan de las putas y nadie nos escucha”, explica Natalia, una mujer trans que trabaja en Tlalpan. “Putologías nace de la necesidad de generar conversaciones entre personas que llevamos años en el trabajo sexual, lejos de los discursos ajenos y las interpretaciones académicas o morales. Queremos un espacio para las conversaciones incómodas.”
Son años de experiencia, estudio y trabajo comunitario los que les permiten hablar con esa soltura sobre sexualidad, deseo y derechos laborales. En el programa cuentan cómo empezaron en la prostitución y por qué continúan ejerciéndola. Un tema aún en día tabú, incluso en círculos feministas.
Midori se topó con los debates feministas sobre el trabajo sexual y el abolicionismo en la Universidad en la clase de género. Cuando comenzó a trabajar, ya mayor de edad sólo tenía la secundaria terminada. “La putería me permitió estudiar antropología social en la UAM Iztapalapa”, recuerda Midori. “Con todo ese saber práctico que yo traía y que empecé a ordenar con herramientas teóricas, pensé que podía construir otro tipo de conocimiento, uno igualmente valioso”, cuenta y así entendió que su experiencia y sus desiciones de vida también eran importantes.
Más que un videopodcast, Putologías es un gesto político: el derecho de narrarse a sí mismas. Hablarán de clientes, placer y situaciones absurdas o divertidas que han vivido trabajando. “Hay una injusticia testimonial”, dice Natalia. “Nos usan para el testimonio, pero no nos quieren como generadoras de conocimiento. Eso va a cambiar”.

La luna y el sol, el día y la noche
Natalia y Midori se conocieron en 2019. Según datos de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, tras el Covid-19, la cifra de trabajo sexual prácticamente se duplicó.
Durante la pandemia fortalecieron su vínculo apoyando compañeras que se quedaron sin ingresos. Repartieron despensas y ayudas económicas para trabajadoras sexuales de Tlalpan, Revolución e Iztapalapa.
La pandemia también diversificó el trabajo sexual y encontró en redes sociales, una forma de seguir funcionando. Midori, por ejemplo, amplió su cartera de clientes al abrir Onlyfans. Las crisis han consolidado esa red de apoyo: el transfeminicidio de Alexa Flores, las redadas policiales o, más recientemente, la construcción de la ciclovía sobre Tlalpan, que afectará a cientos de trabajadoras sexuales que ejercen en esa avenida. En la Ciudad de México se calcula que existen alrededor de 70 mil personas dedicadas al trabajo sexual: 70 % mujeres cis, 25 % mujeres trans y 5 % hombres, según organizaciones de trabajadoras sexuales y colectivos de acompañamiento.
El activismo las unió, así como sus ganas de derribar mitos. La polaridad de personalidades y el respeto mutuo entre ambas son parte de lo que las hace funcionar.
Natalia es rubia, alta, imponente, una líder innata entregada a luchar por los derechos laborales del gremio y por la justicia. Es conocida por su presencia en marchas, tribunales y espacios institucionales.
Midori es una mujer cis que ofrece servicios sexuales a través de redes sociales. De hablar tranquilo, poco maquillaje y mucha ropa.
Natalia es Capricornio, un signo de tierra, confrontativa, directa. Midori es Piscis, un signo de agua, tranquila, observadora, diplomática y flexible.
Ambas fueron invitadas ala Primera Cumbre Internacional de Trabajo Sexual en diciembre el año pasado en Colombia. Juntas también organizan la “Putinavidad”, el “Puti Halloween” y participa en reuniones con el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED).
Natalia fundadora de la Coalición Laboral Puteril de México (CLaP), comunicadora graduada de la UNAM y gestora de proyectos sociales enfocados en derechos humanos y mujeres trans. Hace apenas unos días consiguió una sentencia histórica: la primera condena en México por tentativa de feminicidio contra una trabajadora sexual trans.
Midori, en cambio, se describe como antropóloga social por vocación y trabajadora sexual por convicción, ahora incursionó en la comedia haciendo Stand up. Conduce De paso a pasito, un canal de YouTube donde reseña hoteles de paso y moteles. Forma parte de AMETS y organiza jornadas de salud y actividades comunitarias para trabajadoras sexuales.
Tomar la palabra
Su llegada al micrófono no fue casual.
No era la primera vez que intentaban hacerlo. Años atrás grabaron La Putiseñal junto a la Alianza Mexicana de Trabajadoras Sexuales (AMETS), pero el proyecto apenas duró tres episodios.
La oportunidad llegó cuando Natalia aplicó a una convocatoria de derechos humanos. Entre decenas de propuestas, Putologías llamó la atención por abordar la sexualidad y los derechos laborales desde un lugar poco habitual: la voz de las propias trabajadoras sexuales. “Era un tema tabú incluso dentro de espacios de derechos humanos”, recuerda el productor de Antifaz, Sergio Campos. Al conocer el programa Oronda Studio se unió para convertir el podcast en videopodcast. La escenografía fue diseñada para ellas por Fabiana Comas. Entre cuadros, fotografías y dibujos aparecen también objetos personales: diplomas, premios y recuerdos. Todo está pensado para reflejar quiénes son.
Cada episodio es escrito, gestionado y producido por ellas mismas. No hay una mirada externa diciéndoles qué contar ni cómo hacerlo.
La presentación del videopodcast ocurrió durante el Festival de Arte y Cine Contrasexual. La casa estaba llena. Apenas habían pasado unos días desde que Natalia Lane hiciera historia con la sentencia por tentativa de feminicidio. Durante la actividad, ambas lanzaron preguntas al público sobre trabajo sexual y estigma. Las respuestas derivaron en conversaciones honestas y preguntas del público. Había curiosidad, apoyo y ganas de escuchar.
Puta porque quiero y por dinero
“Todas las mujeres que empezamos en esto nos preguntamos si tenemos el cuerpo o el rostro para cobrar”, dice Midori. “Yo no entro dentro de la belleza hegemónica. Iba a agencias y no me llamaban. Pero sabía que me iba a ir bien aunque no cumpliera con ese estereotipo”. Para ella, el trabajo sexual no depende únicamente de la apariencia. “También hay un asunto de ‘matcheo’. Saber conversar, generar confianza, hacer que la otra persona se sienta cómoda. Hay gente para la que acceder al placer es más complicado que para otras. Ver disfrutar a alguien que evidentemente tiene dificultades para relacionarse también puede ser una satisfacción”.
Para Natalia fue diferente su despertar: “Yo encontré mi identidad en la calle, con otras mujeres trans. Encontré validación con los clientes de una manera que nunca habría encontrado en una oficina”. Hace una pausa y continúa: “Nosotras somos expertas en nuestra propia vida. Si alguien va a hablar del trabajo sexual, vamos a ser las putas, no las antropólogas ni las periodistas”.
“Hay algo salvaje en las transexuales que trabajamos en la calle. Nos resistimos a la domesticación”, dice Natalia. “Todo el tiempo me preguntan por qué soy puta si soy tan lista. Soy puta porque me da la gana. Es mi vocación”.
Ninguna de las dos romantizan el trabajo sexual, tienen demasiado tiempo en él como para conocer los peligros y la violencias. Aún así lo escogen entre otros trabajos.
“Es trabajo, recuerda Midori, y el trabajo siempre es jodido”. Esto no implica aceptar que otros hablen por ellas. “Las pobres y los pobres tenemos un derecho legítimo a organizarnos y luchar por nuestros derechos en un país que nos prostituye todo el tiempo”, dice Natalia. “Las putas no somos distintas de la clase obrera. La diferencia es que el oficio más antiguo del mundo todavía no tiene derechos laborales”. “Mi seguridad”, dice, “es el resultado de una lucha constante entre la culpa y la vergüenza”.
El trabajo sexual sostiene a miles de personas en la ciudad. Sigue sin existir reconocimiento laboral pleno para quienes lo ejercen. Aunque cómo dice Midori, cuando la ven con desprecio por cobrar por sus caricias: “al menos a mi si me pagan horas extras”.
“Este reportaje fue realizado por Lucía Escobar, con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de ¡Exprésate! en América Latina.”












